Una entrevista diferente

Volver, volver y volver

27 febrero 2018

Viajes al Himalaya para olvidar. Mochila al hombro. Más de diez recaídas en estos tres años por culpa de ese maldito tendón de Aquiles… Pero aun así seguimos incapaces de olvidar a Roberto Aláiz, que nos dio tanto en tan poco tiempo. “La vida me debe unos JJOO”, dice. 

El día que vuelva él volveremos todos, que nos negamos a olvidarlo. “Yo también me niego a pensar que no volveré”, acepta Roberto Aláiz (León, 1990), gobernado por esa idea de volver a pelear un puesto de finalista en los Juegos Olímpicos de Tokio, junto a Evan Jager, frente a esa legión de keniatas. Tendrá entonces 30 años. Quizá hasta muestre esa misma imagen, mitad indio, mitad hippie, con la que nos dejó en el Mundial de Pekín 2015. Pero, sea como sea, volverá a decir que “la vida es un juego que merece la pena jugar” como acordó con su entrenador, José Enrique Villacorta, el día que montaron una tienda de deportes en León. “Jugamos entonces a ser empresarios”, ironiza hoy, irrompible frente a la mala suerte, incapaz de convertir esta vida en una tortura de lamentos, “porque no estamos aquí para eso. No somos así. Vivir es suficientemente importante como para dramatizar. Prefiero el ‘carpe diem’. Prefiero vivir el momento. Prefiero pensar que el estar lesionado me ha permitido hacer otras cosas, recorrer otros mundos que, de otra forma, no hubiese conocido. He viajado mucho. He viajado, además, solo lo que me ha ayudado a conocerme y a conocer gentes que no quiero olvidar”.

“Cuando viajo me olvido de las lesiones. No me duelen ni los pies. La cabeza sale de esa burbuja”

Resulta muy convincente escuchar a un hombre así, capaz de trasladarnos “hasta el Himalaya, sí. Allí me fui en el verano de 2016 porque no quería saber nada del Europeo ni de los JJOO de Río. No podía quedarme quieto en casa. Necesitaba poner distancia”. Y lo hizo sin cobardía. “Marché hasta el Himalaya donde no fue fácil vivir a 5.000 metros de altitud. Pero a mi cabeza le compensó y me quedo con el recuerdo de esa gente a la que les enseñabas un simple bolígrafo ‘bic’ y lo veían como si fuese una cosa del otro mundo”.

Fue la terapia de un atleta lesionado. “Cuando viajo me olvido de las lesiones. No me duelen ni los pies. La cabeza sale de esa burbuja, en la que todo se concentra en entrenar, e impone su deseo. Es la aventura más pura. De hecho, de niño siempre decía que yo, de mayor, quería ser aventurero: levantarme, coger la mochila, viajar a todas partes… como volví a hacer los 54 días que me fui a Sudamérica donde descubrí unos países, unas gentes que me parecían como las de la España que hemos visto en la serie de ‘Cuéntame’, algo tan distinto… No sé si volveré, pero me hice la promesa a mí mismo de regresar algún día a sitios como Valparaiso en Chile. Aquello me pareció maravilloso”.

Me negué siempre a que viniese la gente a decirme, ‘chico, joder, qué putada’

De repente, la conversación se ha alejado totalmente del atletismo. Pero esa fue la terapia del atleta lesionado que aún así jamás se separó de esa palabra: volver. Volver, como canta Gardel, y volver, como lo explica ahora él “que siempre he pensado en eso, en volver al mismo sitio en el que un día lo dejé. Y tiene que ser en 3.000 obstáculos, porque yo soy una persona de obstáculos. Quizá porque todo me gusta hacerlo a lo bestia. Soy así y no lo puedo remediar. La prueba es que durante todo este tiempo nunca he estado más de 10 días seguidos sin entrenar, y mire que las he pasado… Pero a la semana de operarme, ya estaba remando y a las dos ya estaba haciendo bicicleta elíptica a 130/140 pulsaciones…, porque uno no puede pensar en lo que no puede hacer, sino en lo que puede hacer. Me negué siempre a que viniese la gente a decirme, ‘chico, joder, qué putada’, y yo lo sé. Sé que el tendón de Aquiles ha sido un obstáculo en mi vida. Sé que desde entonces no hicieron más que añadirse cosas (un edema óseo, un golpe en la rodilla…) que me cambiaron la manera de pisar y lo complicaron todo. Pero para eso estoy yo. Para sumar. Para intentarlo. Para volver a ser el que fui”.

 “No sé si soy un romántico”, discrepa un hombre como él, que en los Juegos Olímpicos de 2012 se quedó a cinco centésimas de clasificarse. “La mínima de 8’24” entonces era altísima en los 3.000 obstáculos. Pero esto es la vida. No siempre se puede conseguir lo que uno busca. A veces, hay que esperar y esperar mucho. Pero no tengo miedo. La lesión me ha hecho madurar mucho. Me ha ayudado a aprender. Me ha ayudado a dejarme ayudar y, sobre todo, me ha enseñado a escuchar, algo que hasta entonces no se me daba nada bien. No dejaba que la gente entrase dentro de mí. Pero después de haber ido a tantos médicos y a tantos fisios… Fui hasta el fisio de la selección española de fútbol y, nada, no había manera. Y, después de haber recorrido media España, resulta que la solución estaba en casa, en Javi, un readaptador que vive en León, que estudió la carrera conmigo y que es un desfase de persona. Llevo tres meses trabajando con él y las últimas tres semanas ya he empezado  correr… ¡sin dolor!, ¿ha escuchado bien? ¡sin dolor!“, repite con la fuerza de los hombres que renuncian a darse por vencidos.

“Correr es algo más importante que una obligación para mí: es parte de mi felicidad”

“No, nunca, ¿por qué no lo vas a intentar? Luego, podrá salir o no salir, pero yo estoy libre de culpa: yo lo he intentado. Y lo he intentado porque correr me hace feliz…, y mire que he pasado por días difíciles”, argumenta en uno de estos días que tal vez rescata lo mejor de nosotros. No sólo de él, Roberto Aláiz, que, obviamente, también ha llorado en estos años. “He tenido diez recaídas y esas son muchas. Hubo días en los que no me quedaba otro remedio que volver a casa andando. Y eso es duro. Muy duro. Pero entonces es cuando uno aprendía a relativizar las cosas, a no dejarse influenciar por lo negativo. Si me considero un bestia para correr, también he de serlo para vivir. He pasado mucho tiempo ansiando hacer una cosa que no podía hacer: correr. He pasado por momento duros como cuando me tuve que retirar del Mundial de Pekín pero siempre he sido un tipo tan positivo… No puedo dejar que una lesión juegue conmigo o me cambie mi forma de ser. Tengo que demostrar que yo puedo con ella porque correr es algo más importante que una obligación para mí: es parte de mi felicidad”.

“Estas tres últimas semanas ya he hecho entre 60 y 70 kilómetros de media, con unos 20 o 25 de series”.  

Quizá por eso estamos aquí escuchando a Aláiz y deseando volverle a ver en la pista.  “Mi idea está en el Europeo de Berlín en 5.000 o 10.000 metros, vamos en plazo. A nivel muscular, estoy bien“, anuncia sin miedo al verano. “No tengo miedo. El miedo ya lo perdí hace tiempo. Pero es que estas tres últimas semanas ya he hecho entre 60 y 70 kilómetros de media, con unos 20 o 25 de series. El primer día los 500 me salieron a 2’48” lo que, después de tanto tiempo, me pareció muy satisfactorio. En realidad, ahora con lo que complemento con la elíptica y el rodillo, que tengo en casa, estoy haciendo el equivalente a 150 kilómetros de correr semanales. Pero la diferencia es que lo hago a cubierto, enciendo la televisión y me ahorro los impactos de la carrera. Al final, si descuento los 50.000 impactos que vienen a salir en un rodaje de 50 minutos … Al final, son muchos… De hecho, siempre hemos trabajado así con mi entrenador…  Cuando había que doblar acudíamos a la elíptica, calidad de vida… Y eso que yo, hasta el Europeo de cross del 2014 de Samokov, nunca me había lesionado… Sólo notaba algunas molestias en la fascia…, pero a partir de ese Europeo, del que salí con tantas molestias en el tendón de Aquiles, en un terreno tan irregular, tan peligroso… No ha habido forma de que volviese a ser el que fui”.

 Los recuerdos, sin embargo, no oponen resistencia al futuro.  La fortuna es que, entre sus propiedades, figura ese optimismo “que es como el de mi padre, un loco del deporte que, ahora que tiene molestias, invierte casi todo el tiempo libre que le queda en recuperarse”. Será entonces la genética o será el destino al que sólo le falta encontrar un final feliz como si esto fuese una película. “Sea como sea, pase lo que pase, todo habrá merecido la pena. No lo dudaré nunca. He tenido la suerte de poder intentarlo. Tenía un colchón económico. Tenía unos ahorros de lo que gané en la época buena que es lo que me ha permitido intentarlo, porque nunca fui de derrochar. Siempre he pensado en el día de mañana. Conduzco el mismo coche desde hace diez años, un Peugeot 206. Mis viajes tampoco fueron esperpénticos y no pasa nada…  Entre la vida y el dinero, siempre he preferido vivir la vida.  Y en esta vida es interesante luchar por lo que uno quiere hacer. Al menos, mientras puedas y yo siempre he deseado tanto esto de correr… No he dejado de pensarlo un solo día en estos tres años”

@AlfredoVaronaA 

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Hoy es siempre todavía.

Hoy es siempre todavía

Toda la vida es ahora.

Y ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos

Porque ayer no lo hicimos

Porque mañana es tarde.

 

Diario de León. Diciembre 2017

 

 

Voy a hablar del plano tangible, el medible y que puedo cuantificar.

Vuelvo a correr, vuelvo a “correr rápido” todo lo que pueden mis piernas después de casi dos años sin hacerlo.

Dos roturas del tendón de Aquiles, con sus dos cirugías correspondientes. Un periodo de recuperación largo, el cuál  intenté acortar, alimentado por el ansia de retomar algo que se me había arrebatado; aún oponiéndome con toda mi fuerza y la de muchos aliados. Se truncó un sueño, algo que no recuperaré jamás. Pero que tengo la suerte de poder hacer una inversión a largo plazo y presentar mi candidatura para estar el 24 de Julio de 2020  en Tokio, Japón. Ahora viajo con ese sello tatuado en mi pierna derecha, con los círculos aún sin rematar. Para que el día que lo consiga pueda cerrar algo por lo que llevo tanto tiempo trabajando.

Me considero una persona que vive en el más absoluto presente, (siempre recordando el pasado más potente y no prestando mucha atención al futuro) por lo que ahora mismo os diré que no ha sido tan dura esta travesía, de hecho creo que he tenido más buenos que malos momentos.

Quizás sea porque hoy he podido correr sin ningún dolor, (exceptuando el de las agujetas propias de una pre-temporada). Puede que haya tenido que ver las  muchas estrellas polares que me habéis guiado hasta estar donde estoy hoy. Es posible que sea gracias a que con este break haya aprendido un poco más de quién soy realmente. De lo que quiero y de cómo mi vida ha ido cambiando, conociendo lugares, personas y viviendo experiencias muy intensas.

Vida salvaje en el Himalaya Julio 2016

 

Sea lo que fuere he seguido y casi siempre con éxito  “mi búsqueda de la felicidad”. Sin dejar de lado el trabajo que sabía que tenía que realizar si quería que este placer no fuera efímero y se prolongara a lo largo del tiempo. Buscaba correr, pero no con esa ansia loca que tuve en los primeros compases de la lesión. Comprendí que todo tiene un proceso, y aunque no esté de acuerdo con las leyes de la biología acerca de la recuperación de tendones. Llega un momento que no puedo hacer nada más. Supongo que estaba escrito en algún sitio que esto tenía que ser así. Supongo que  si hubiera sido más fácil, me habría saltado muchos capítulos de los que he podido disfrutar y aprender en estos más de 700 días.

Enero 2018. Vía libre. Pic: Sergio Mateo

Poco a poco vuelvo entrar  en la burbuja de la vida de atleta de élite. Fin de las vacaciones, vuelven los días de dolor de piernas por las mañanas. De quedarme sin pila y dormirme en cualquier puto lado, de emociones indescriptibles y de mucha presión.

Se acercan los días de estío con tartán rojo y  Victory’s en mis pies girando a 60″ la vuelta. Volverán Los caminos infinitos rodeado de mis amigos, jadeando en busca del horizonte inalcanzable.

Run Fast & Be Happy.

Volverán y volveré con ellos.

 

 

 

Roto de nuevo

Hoy toca afrontar un nuevo mazazo cuando menos me lo esperaba. Llevaba unas semanas corriendo, aumentando kilómetros de carrera y reduciendo de bici y elíptica, entrenando sin apenas molestias y boom!

Con mi llegada a León, tras la estancia en Sierra nevada, empezaron los dolores. Unos días de precaución con elíptica y natación, pero sin correr, con unas pequeñas molestias que no desaparecen. Decidimos empezar con las pruebas médicas para saber si todo va bien.

Una resonancia ha dictado sentencia: dos centimetros de Rotura en el aquiles que proyectan dos posibilidades. La primera, probar con PRP (plasma rico en plaquetas) y esperar a que todo vaya bien. La otra opción es pasar por el quirófano y asegurar.

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Opto por la segunda opción: cita con el artesano del Aquiles el 21 de diciembre.

Muy de estos versos hoy:

Ya sólo quedan los demonios,
la propiedad y los escombros.
Caemos como plumas,
olemos el fondo y nos quedamos cortos.

Es tiempo de autodestrucción,
de disparar sin adornos.
Prenderé fuego al colchón,
que reventó nuestros otoños.

Ya no nos saca nadie a hombros,
la vanidad, los dobles fondos.
Quemamos las alturas,
besamos el polvo y nos calamos hondo.

Es tiempo de autodestrucción,
de rematar sin adornos.
Me agarré a la inspiración,
que me dejó nuestros demonios.

Mis sueños siguen intactos, ya lo he hecho antes y lo volveré a hacer ahora. Voy con todo.

Vuelta a casa… y a la Vallecana

Hace 10 días que baje de la montaña. Tras estar un par de días en Sevilla vistando al Quillo y tratandome con Álvaro Bejarano puse rumbo a Madrid. Un poco de esparcimiento el viernes con el conciertazo de Zahara en la Sala La Riviera. El sábado a las 13h elegimos un nuevo presidente en el RFEA. Raúl Chapado ha sustituido a Jose María Odriozola tras 27 años al frente del atletismo español, se avecina una época de cambio y confío que el deporte que amo vuelva a ser un deporte de referencia. Creo que ha demostrado ser una federación que se la juega, ya en la primera decisión que ha debido tomar.

Ese mismo sábado llegué a casa tras un mes. La verdad que lo echaba de menos, aunque seguro que las ganas de volver a viajar no tardarán en aparecer. Cerré el domingo mi semana de descarga. “Solo” siete sesiónes que después de las 41 sesiones en 21 días me parece como si no hubiera hecho nada. Eso si, he incrementado un poco el volumen de kilómetros y aunque aún no puedo hacer trabajo de series, cambios o estímulos rápidos ya estoy haciendo más de un tercio del volumen que haría en una semana de carga en condiciones normales, 58km esta semana.

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A partir de ahora seguiré con la misma dinámica de trabajo que en Sierra Nevada, lo unico que modificaré seran las sesiónes de agua que las sustituiré por más sesiones a pie. Cinco días a la semana correr, siete días eliptica y una agua. La tirada larga seguramente vuelva a la bici que tan olvidada la tenía durante este ultimo mes. Justo con el comienzo de semana, unas molestias me han hecho levantar el pie del acelerador, simplemente por precaución, pero esa molestia disminuye y espero que pronto pueda volver a subir la intensidad.

En cuanto a la primera carrera volveré a ponerme un dorsal el último día del año, volveré a hacerlo en mi carrera favorita. Quiero que la San Silvestre Vallecana sea el inicio de lo que espero sea mi resurgir, no será una carrera en la que vaya rápido, no disputaré los primeros puestos, pero en cuanto cruce la meta para mí será como si hubiera ganado.

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Anoche en ese camino hacia La Vallecana, acompañado del cocinero Dabiz Muñoz, Paula Butragueño y Raúl Gómez y otros 400 corredores, nos juntamos en el estadio del Vicente Calderón para afinar un poco la velocidad. Un evento espectácular en el que disfrutamos haciendo series de noche!

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Con la rutina en altitud

De nuevo en el CAR de Sierra Nevada, en la altitud, a los pies del Veleta a 2320msnm, por quinta vez. Desde 2013, que vine con mi amigo Carlos Alonso, no he faltado ningún octubre/noviembre y  este año la lesión no iba a ser un impedimento. Desde el día que bajé de la cordillera más alta del mundo hasta ahora, que estoy cerrando el proceso de recuperación, he intentado que la lesión condicionara lo menos posible mis proyectos.

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La vida en el CAR es sutilmente diferente a otros años. No he salido del CAR en más de 10 días y, aunque buscaba esto, ha sido un cambio bastante brusco. El domingo tengo planeado una ruta en bici y hoy bajaremos al cine a ver la nueva de Sorogoyen, director que me flipó con “Stockholm”.

Actualmente corro cada 2 días entre 20-30minutos fraccionados, estirando el tendón y realizando excéntricos. El entrenamiento principal es la elíptica, donde intento adecuar y realizar el mismo trabajo que realiza mi grupo a la hora de correr. Entre 14-17 sesiónes por semana.

La vida en el CAR es monótona y para el rendimiento es perfecta. Todas las instalaciones necesarias para entrenar-descansar-comer… en un solo complejo y a no más de tres minutos andando entre ellas.

Un día aquí comienza a las 8 de la mañana los días que hago 3 sesiones y a las 9:20h los días que hago 2. El primer entreno en ayunas de entre 45-60′ de cardio, y a desayunar. La segunda sesión es a las 11:30. Es la sesión principal, y a las 13:30 fisio. Por la tarde a las 17:30h suena el despertador, café y generalmente hacemos agua sobre las 18:30h, 40′-50 de aquarunning y entorno a 2000m nadando o directamente nadar. A las 11 estamos en la cama. Actualmente estoy bastante aclimatado y los entrenos se notan pero las ganas pueden con la pereza.

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“El entrenamiento deportivo de un atleta de élite es estar reventado todo el día hasta que haces la puesta a punto de 2-3semanas para las competiciones objetivo del año. Por lo tanto como mucho estaremos descansados 3-4 veces al año. Y ahora es época de estar reventado”. Roberto Cejuela

Divisando la costa

En la última semana de la temporada 2015/16, toca hacer balance. Ha sido una temporada diferente, y me refiero a la linealidad constante de las horas, los días y las semanas…

No de la temporada atlética. El atletismo pasó para mi a un segundo plano el día que decidí mandar todo a la mierda. Eso sí, desde el día que pude empezar a hacer ejercicio físico, le volví a dejar entrar en mi mente.

Al principio fue la bicicleta estática, y la natación. Primero con un pull para no mover muchos los pies, todo esto cuando aún andaba en muletas. Después de un mes y medio comencé a caminar, con una cojera evidente que aún no he eliminado por completo.
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A los pocos días viajé a Alicante con mi amigo Rober Cejuela, allí cogí por primera vez una bici de carretera. Dos horas el primer día me hacían sentir el hombre más feliz del mundo. No fue fácil adaptarme a la bici pero ahora he de decir que hasta me ha enganchado. El siguiente paso sería sesiónes en el gimnasio, primero fortalecimiento y luego ya con cargas más exigentes. Cada vez lo tengo más cerca me decía.

Capapé me dijo que introdujera la elíptica y así hice, esa máquina en la que inmóvil mi pulso se acelera y el sudor emana por mi piel, con la que he tenido que aprender a convivir en mi etapa de intentar recuperarme ante la decisión final de abandonar la temporada.
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Desde el día que me quitaron la férula el trabajo en Fisiorama ha sido imprescindible, en el que Carlos ha desempeñado un papel protagonista hasta que también su tendón ha dicho basta. Y también ha roto. ¿Curioso verdad? El día que dí mis primeras zancadas en una cinta a 6km/h sin ayuda de las manos, él se rompe en un partido de padel.
Actualmente combino bicicleta o elíptica, nado casi todos los días al igual que propiocepción y tres días a la semana hago una sesión en el gimnasio. Ya he corrido cinco días, eso si no más de 8 minutos y no más rápido de 5’30” el km. Ya veo la costa, tengo ganas de llegar. Y el día que toque tierra será para CORRER sin preocuparme de nada más. Solo quiero volver a CORRER sin dolor.
Os dejo un breve vídeo de lo que es un día en la costa, cerca de la playa, por Sportmedia.

Ascendiendo el camino

Sigo ascendiendo: desde el pozo más oscuro de mi carrera deportiva escribo estas líneas. Veo la luz. Tumbado en la cama de un hospital, no siento de cintura para abajo. Me dicen que todo ha salido bien, tengo que ser paciente y tomármelo con calma.

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Buena parte de "mi otra familia" Gracias amigos!

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Cuarenta y cinco días han pasado desde que me levante de esa cama. El pasado jueves tuve la tercera revisión en la que el doctor Capapé me dijo que podía andar sin muletas. Podría decir que ha sido un tiempo duro, en el que no he salido de casa, he visto como me frustraba por la desesperacion o como el desánimo me ganaban la mente, pero no es así: ha sido mucho más fácil de lo que creía.

Lo primero ha sido un gran alivio pasar por el quirófano sabía que cuando el proceso de recuperación acabara volvería a correr sin dolores. El cuarto día después de la operación he visto en directo como mi amigo Sebas Martos se proclamaba Campeón de España de 3000 obstáculos en Gijón, como muchos de mis mejores amigos se partian la cara en la pista por alcanzar sus sueños. Y como los que no podíamos estar con el dorsal en el pecho nos dejábamos la piel cual Hooligans.

He tenido la mente ocupada en mi mundo, y a pesar de visualizar tantas veces estar en los Juegos Olímpicos de Río, la sensación que tenía no era de rabia sino de ambición. Me repetía una y otra vez: los siguientes serán los míos.

He viajado mucho. Los amigos e Iris me han ayudado y me han transportado en una silla de ruedas a Gijon, Navia, Oviedo,Huelma,Aranda de Duero, Aviles, e Ibiza. Ya llevo 10 días haciendo bicicleta estática y nadando. Dos semanas en la Clínica Fisiorama con Carlos Justel, que está haciendo que cada día mi pie se sienta más vivo de nuevo. Camino, sin muletas, lento pero con confianza.

Esto no ha truncado para nada mi felicidad, sigo sabiendo que soy un afortunado. Me hacéis ser muy afortunado.